Aviso para los susceptibles que por la blogosfera abundan: lo que sigue es un texto subjetivo, hiperbólico, paródico y lleno de clichés. No persigue ninguna verdad filosófica u ontológica –si así fuera, se publicaría en Revista de Occidente o en Qué me dices-, ni quiere influir o condicionar la mirada o el pensamiento de ninguno de sus incautos lectores. Cualquier parecido con un artículo académico es pura coincidencia. Además, y para ser mínimamente honesto –que tampoco tendría por qué-, su iletrado e incapaz autor aclara que se ha inspirado en el último capítulo de Manual de literatura para caníbales, de Rafael Reig, un autor que me place mucho y cuyo sentido del humor parece de difícil digestión para algunos. 

Un escritor amigo dice que, por más que se empeña en ser pop y posmoderno, cuando se pone a escribir le sale el ser humano que lleva dentro y no hay manera de tirar monte arriba. A mí me pasa un poco lo mismo, pero como lector. De vez en cuando, me sobrepongo y me empeño en ponerme al día. Me digo: “Sergio, por dios, ¿qué haces leyendo libros de hace 40 años como si fueran nuevos? Es más, aparta de ti esa antigualla decimonónica que apesta a naftalina. Y si coges algo del tipo Decamerón, por lo menos ten la dignidad de hacerle una lectura transversal e imaginar que estás viendo la última de Calixto Bieitio. Sé moderno, por dios. Qué digo moderno: sé posmoderno, imbécil”.

 

Así que hojeo unas cuantas revistas y suplementos como si fueran el Marie Claire, para enterarme de qué se lleva esta temporada, y acudo a la librería:

 -Buenas, vengo a renovar mi fondo de lecturas, a ver si actualizo un poco mi look, que me estoy quedando desfasado en las charlas de sobremesa.

-Ah, estupendo, porque lleva usted unas pintas “post-boom” que cantan la Traviata. ¿Qué talla de inteligencia usa?

-Normalita, tirando a adocenada pequeño-burguesa, pero sin pasarse.-Pues nos acaban de traer unas imitaciones de Paul Auster con ribetes de plácida senectud que le irán muy bien.

-Ya, bueno, ¿pero no me quedarán un poco ajustadas? Busco algo más juvenil y desenfadado.

-Entonces, pruébese esta reinvención neopornográfica. En Barcelona se lleva un montón y quedará muy desinhibido cuando salga con sus amigos homosexuales.

-Venga, me llevaré siete de esos, que las revistas lo ponen muy bien, pero mejor sáqueme el modelo en rojo, que me siento comprometido. ¿Qué más me ofrece?

-Como restos de la temporada pasada, todavía gustan mucho estas relecturas de la Guerra Civil.

-Uy, no, que me compré un montón el año pasado y apenas me las he puesto.-Ajá, ya veo que usted quiere ponerse más atrevido… Aquí tengo un relato fragmentado y polifónico que se desarrolla simultáneamente en un retrete de gasolinera de Arizona y en las fiestas de la Virgen de Agosto de Bollullos del Condado. El protagonista es prostituto de lujo, padre de una china y crítico literario full-time.

-Ah, sí, ése, ése. El que salía en la portada de The Cosmopolitan Review of Books.

-Ya sabía yo que usted estaba en la onda…. Hoy en día, si no lo has leído, no eres nadie. Apresúrese, porque hay un profesor de la Universidad de Providence que pronto lo refutará.

-Ya mismito me lo leo, y después correré a internet para dejar constancia en mi blog.

 

Salgo de la librería con unos cuantos bolsones y me enfrasco con buen ánimo en la lectura de todo-lo-que-no-puede-dejar-de-leer-para-ser-un-lector-posmoderno-y-actualizado. Al cabo de un mes, estoy razonablemente al día, pero mortalmente aburrido. Entonces, por casualidad y ánimo de refresco, tropiezo con una querencia olvidada y polvorienta. Pongamos que hablo de Sábato, por un suponer. Me digo: venga, hagamos un descanso en el programa intensivo de lecturas actualizadoras. Y para cuando me quiero dar cuenta, me veo remoloneando por mis queridos y obsoletos vejestorios latinoamericanos hasta que compruebo que me he vuelto a quedar fuera de la moda. De repente, lo que yo creía rabiosa actualidad se ha quedado desfasado y tengo que volver a empezar. Así que, la temporada siguiente, repito la operación y me reciclo en la librería.

Hasta ahora, era un sufrimiento cíclico, pero creo que he encontrado la fórmula para ahorrármelo. He trazado un mapa personal del panorama literario patrio y, por extensión, occidental. Es una plantilla sencilla y muy simplificada, pero muy útil también. Con ella, puedo situar las novedades en una región cualquiera con tan solo hojearlas y, por supuesto, sin hacer caso a lo que digan los críticos y reseñistas à la mode. Basta con comprender que la literatura es una zona de guerra. Una guerra que no importa a nadie o a casi nadie, pero guerra al fin y al cabo. Conociendo los bandos y el estado de las batallas, se puede saber casi todo lo que hay que saber. En el siguiente capítulo contaré los secretos de mi plantilla.



2 Responses to “GUÍA PARA LECTORES SOFRONIZADOS (1)”  

  1. Me gusta el enfoque que le das al artículo. Bravo. No se podía hacer una crítica mejor.

  2. 2 Rosa

    Hola. Me he contrado tu blog por casualidad y me ha gustado mucho, un saludo y sigue así.


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